Provincia San Antonio de Padua

República Democrática del Congo

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Proyecto de vida

Nuestro proyecto de vida

El proyecto de vida de nuestra Provincia de San Antonio de Padua se articula en torno a cuatro ejes:

  La oración La fraternidad El trabajo La misión

Con un reto: Transmitir el Amor de Dios a todos

La oración: «Tener el Espíritu del Señor y dejar que actúe». (2 Re 10, 8)

La oración es un componente esencial de nuestro proyecto de vida. Como frailes menores, deseamos no solo orar, sino sobre todo convertirnos cada vez más en hombres de oración a imagen de nuestro padre San Francisco, quien exhorta a sus hermanos a invitar sin cesar al Espíritu del Señor y a su acción. La vida de oración es la base de nuestra vida como frailes franciscanos. Estamos convencidos de que la fuente de toda renovación inspirada pasa por nuestra vida de oración. La vocación de cada uno de nosotros encuentra su fuente primera en un diálogo íntimo con Aquel que nos ha llamado a vivir de su vida. Por eso, incluso antes que su dimensión apostólica, nuestra vida se nutre de la escucha de la Palabra, la Eucaristía y la adoración. Somos peregrinos que, siguiendo a san Francisco, deseamos seguir caminando humildemente con un corazón abierto a la creatividad del Espíritu Santo.

La fraternidad: «El Señor me ha dado hermanos» (Testamento, 14).

La fraternidad ha ocupado desde siempre un lugar central entre los hermanos menores. En este mundo que se está secando, es fuerte el deseo de comprensión, de respeto y de fraternidad. Por eso, como hijos de san Francisco, nos corresponde vivir con ardor la fraternidad y dar testimonio de que es una fuerza creadora de la que nuestro mundo más necesita. La fe nos muestra que todos somos hijos de un Padre que nos ama y que el Señor nos muestra su solicitud a través de todas las personas que pone en nuestro camino. Esto es precisamente lo que san Francisco expresa en su Testamento, cuando afirma que el Señor le dio hermanos. La fraternidad que estamos llamados a vivir, como hijos de san Francisco, se caracteriza por la alegría, la sencillez, el respeto mutuo, la aceptación de nuestras diferencias, de nuestras riquezas y de nuestras limitaciones. Todo ello nos invita a hacer de nuestras fraternidades lugares de comunión y paz donde no solo vivamos plenos y serenos, sino donde todos aquellos que buscan consuelo y amor puedan venir a encontrar nuevas razones para vivir y esperar. Por ello, la fraternidad llama al trabajo y desemboca en la gratuidad de la misión.

El trabajo: «Yo trabajaba con mis manos, y quiero trabajar»

El trabajo es un concepto importante en la espiritualidad franciscana. A través del trabajo servimos a Dios y contribuimos al bien común. Para san Francisco de Asís, el trabajo es un don de Dios, que permite satisfacer las propias necesidades y las de los demás. En su testamento, exhorta a todos sus hermanos a dedicarse a un trabajo honrado (Testamento, 20). Es a través del trabajo como servimos a los demás, en particular a los pobres y a los marginados. Francisco de Asís insiste en la importancia de realizar el trabajo con amor y dedicación.

La misión: «Ve, Francisco, y repara mi Iglesia».

Nos parece volver a oír la voz del Crucifijo de San Damián que habló a Francisco de Asís: «Ve, Francisco, y repara mi Iglesia, que, como ves, está cayendo en ruinas». Dios llama a la evangelización en nuestro mundo, que ya no escucha. La evangelización es la misión de la Iglesia. Esta evangelización es urgente y debe despertar en los corazones y en el espíritu de nuestros contemporáneos la vida de la fe. Nuestra primera forma de vivir la misión será el testimonio de vida junto a los pobres, los marginados de la sociedad. Cristo nos envía a ellos para manifestarles el amor y la misericordia del Padre. Todos los hermanos están, pues, llamados a ser testigos creíbles del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, yendo hacia los demás, hacia las «periferias de la vida».

Última actualización: 28/03/2026